sábado, 8 de septiembre de 2012

Al fin, La rebelión...



Hace mil años grabamos un video. Con decir que comenzamos haciéndolo en video 8, la popular camarita casera de los noventa. Aunque, bueno, la verdad es que exagero. Exactamente la grabación empezó el primero de mayo de 2008, en medio de la marcha por el día del trabajo, pero lo de la camarita es verdad. Tenía el lente empañado y el zoom defectuoso. El caso es que como aquel día no pudimos acumular un número de tomas considerables para los casi cinco minutos de La Rebelión, nos tocó volver a grabar un año más tarde, ahora sí con una cámara mejor y un camarógrafo de oficio, un muchacho de rastas de nombre Henry Barrera. A pesar de todo eso, la cosa, como muchas veces pasa, se quedó ahí: dos caseticos que permanecieron en un cajón por mucho tiempo. Hasta que un día arrebatado recordamos aquel asunto y decidimos editarlo. El resultado es el que verán a continuación. Pero hay que decir algo más: que la dirección (reconozco que lo obligué) fue de mi amigo Juan Miguel Villegas, que exigió que él no se metía en eso si no involucrábamos también a Diego Agudelo Gómez, por lo que, a buena hora, quedó encholado en el asunto. Y que a Sandra Jiménez le debemos toda la logística de aquel día: desde contactar a Henry y conseguir el carro que nos transportó, hasta cargar con nosotros los instrumentos. Y en fin. La crónica más detallada de aquel día la podrán leer en el link que les pondré en los comentarios. Lo cierto es que, viejito o nuevo, este video ya existe y me trae el recuerdo azucarado de una mañana de rebelión. Desde entonces trato de no faltar a una marcha de primero de mayo, no solo porque me gusta lo que defiende sino también por simple nostalgia. Son las cosas que cambian en uno cuando se mete dizque a hacer música con los amigos del barrio. Que lo disfruten.

http://www.youtube.com/watch?v=qactqS5V-UU&feature=plcp

miércoles, 25 de julio de 2012

¿Por qué llamarse Áluna en tiempos donde todo se llama Alúna?




Quizás no nos fijamos bien, quizás en ese entonces no habían tantas cosas que se llamaran Aluna, pero lo cierto que es que cuando comenzamos a tocar y decidimos esta palabra kogui para nombrar nuestra banda no pensamos que terminaría siendo tan popular –la palabra, no la banda–, incluso para promocionar asuntos tan disímiles. 
Ahora muchas cosas se llaman Aluna. De hecho, hasta otras bandas se llaman Aluna. Una en Bogotá –Aluna Ashaá– y otra en Miami, aunque no sabemos si todavía tocan. Hay cantantes de pop que se llaman Aluna y una actriz coreana, que es el Aluna más popular en Youtube.
Y no solo eso. Hay ropa interior marca Aluna, hay fundaciones con ese mismo hombre e incluso una película recién lanzada. Hay un videojuego, basado en un comic, en el que la heroína se llama Aluna, hay festivales de música ibídem y hasta una academia de reiki, esa técnica oriental de sanación.
En fin. Si buscan en Facebook también encontrarán muchos ejemplos. Personas que incluyeron el Aluna como parte de su nombre –Cata Alunada, María Alunada, Aluna George– y otras cuantas bandas de rock en otros países con este mismo nombre. Quizás al final de una intensa búsqueda encuentren la nuestra.   
¿Entonces por qué no cambiarnos de nombre? Lo intentamos muchas veces, claro. Largas reuniones de discusión buscando cómo llamarnos. Y pasamos por muchas opciones: Río tinto, Aguamala, Bipolar… Pero al final, inevitablemente, volvíamos a nuestro Áluna (que en nuestro caso es con tilde en la “a” aunque pocos lo pronuncien de este modo).
Los nombres representan, dan sentido. Las cosas comienzan a existir cuando pueden ser nombradas. Y de tanto pronunciarlo, de tanto tocar, de tanto ir por ahí llamándose Áluna difícilmente podríamos encontrar otra palabra que nos represente. No es tan simple como cambiarla y ya. No mientras nuestra música siga siendo la misma.
Es cierto que puede generar confusiones, problemas de representación, incluso legales –en el hipotético caso de que la banda traspasara fronteras–, pero ni modo: la palabra, de tanto estar en nuestras bocas, nos gusta, significa cosas muy bonitas y va unida con lo que hacemos.
Olvidé decir que hay prostitutas, finas o baratas, que también se hacen llamar Aluna. Y quién sabe cuántas cosas más. Ya nos da hasta risa. Pero si sirve de algo, si acaso marca una diferencia, nuestra Áluna es esdrújula y las demás son graves. Y aunque muchas cosas puedan llamarse igual, ninguna será como nosotros: una banda de rock perdida en un barrio de Medellín que toca y toca y toca y toca…

miércoles, 13 de junio de 2012

Diarios del fin del mundo


Junio 13, 2012

Es como si, por primera vez, estuviéramos listos para algo. No sé bien qué, pero algo. El 2012 ha sido un año rápido aunque evidentemente más productivo que el año anterior del que solo puedo recordar un concierto maravilloso en La Guardia, nuestra casa-bar, ya desaparecida. Este año no es que hayamos ensayado mucho, pero hemos sido constantes. Todos los domingos a las cinco de la tarde, sin falta.

Somos eso: una banda de domingos por la tarde, y en parte eso es lo que recogemos. Cuando tienes una banda de medio tiempo, de horitas, recoges frutos de medio tiempo, de horitas. Cuando tu vida es el arte, cuando trabajas cada día, quizás (y solo quizás porque en este mundo nunca se sabe) recogerás el equivalente a tu esfuerzo. O tal vez un poco menos. Pero lo cierto es que en estas cosas hay que entregar un cien por ciento para recibir un cincuenta por ciento a cambio. Nosotros entregamos, si acaso, un veinte por ciento, y recogemos un diez. Somos conscientes de eso.

Pero somos conscientes, también, de que este año ha sido diferente, porque si bien no logramos ensayar más de tres horas y solo los domingos, por primera vez, entre todos, en semana, tratamos de hacer algo. Al menos nos mantenemos en contacto, adelantamos trabajos de promoción, editamos algún video: todas esas cosas que hacen parte del mundo de la música y que no tienen que ver con el acto mismo de hacer música, pero que igual son importantes. A veces más de lo que nos gustaría reconocer. Hacemos parte, al fin y al cabo, de una cosa loca y desagradecida: la industria del entretenimiento.

Lo cierto es que ahora hay mucho más diálogo. Hay un plan de acción y muchos puntos en común. Antes había música por todos lados y eso nos bastaba. Pero una banda de rock –casi cualquier propuesta artística– es más que arte. Ahora hay un proyecto que nace de la música, y eso es una evolución.

Por eso sentimos que estamos listos para algo. Tenemos canciones, ciertos caminos ya recorridos; hemos aprendido algo sobre el mundo audiovisual que acompaña la música; hemos visto a otras bandas subir y desplomarse; por primera vez hablamos de puesta en escena, de la ayuda de un mánager, de un ambiente gráfico; tenemos, al fin, un portafolio que nos deja a gusto, un logo, imágenes; sabemos que nos faltan mil cosas por delante y estamos a gusto con el reto. Es como si –qué curioso– esta banda comenzara a nacer. 

domingo, 20 de mayo de 2012

B side: Perdido en otra realidad


Digamos que llueve, piensas en ella, la extrañas. El pavimento está mojado y las luces de las farolas rebotan en el piso. ¿Recuerdas su piel? Claro. El arco de su espalda, las pecas regadas por sus hombros. Ya no está, y eres ahora un fantasma más de una ciudad que muere. Vas solo por la calle, las manos en los bolsillos de la chaqueta. Todo terminó, estás perdido. Entonces sería bueno que mientras encuentras algún lugar donde escamparte cantaras esta canción.


martes, 3 de abril de 2012

Sobre Isabel y otras combustiones espontáneas



Muchas veces Juan no iba a los ensayos. Ya fuera porque se quedaba dormido o porque tenía que ir a rebuscarse la vida cantando en los buses o porque un nuevo amor lo mantenía embelesado en casa. Como sea, durante mucho tiempo nos acostumbramos a que en los ensayos solamente aparecíamos Fáber, Óscar y yo. Y en la última temporada, Boris.

Es lamentable, pero el papel de un vocal en una banda de rock resulta indispensable, más que cualquier otro músico. Sobre todo en la grabación y en vivo. Y si Juan no aparecía, los ensayos perdían norte.

¿Qué hacíamos entonces? No mucho. Montábamos canciones instrumentales, repasábamos –sin voz– los viejos temas y, de vez en cuanto, creábamos canciones divertidas que pudiese cantar cualquiera. Canciones rápidas, fáciles, que hacíamos por pasar el rato. Algo para no desanimarnos del todo en aquellos ensayos cojos. Así nació La rebelión en la granja, Óyeme nena, Pequeña puta e Isabel, y hasta otro grupo de canciones que tenemos por ahí.

Desde luego nunca creímos mucho en aquellos temas. Eran, repito, más por pasar el rato, por saltar un poco en la estrechez del ensayadero; sabíamos –sabemos– que musicalmente eran menores a otras composiciones que teníamos y que sobre todo la voz era abismalmente inferior. Solo que llegó un momento en que, sin vocal, no teníamos más para ensayar que aquellas canciones rápidas o instrumentales. Luego Juan se fue definitivamente y en una de esas resultó que en Castilla, nuestro barrio, había una convocatoria para realizar un compilatorio con grupos de la comuna. Participamos (sin Juan), pasamos la selección y ganamos el derecho de grabar un tema. Eso fue en diciembre de 2010.

¿Qué más podíamos hacer si no teníamos vocalista? No vimos de otra que grabar Isabel.

***

Isabel salió rápida y en un ensayo. Es, de hecho, la canción más fácil de tocar que tenemos. Está basada en un poema de Raúl Gómez Jattin, que ha sido lo más parecido a un poeta maldito que ha dado este país. Pero no recuerdo que nos sentáramos a adaptar la letra. Yo (Camilo, el del bajo, por si apenas usted, lector, arriba a este blog) me sabía el poema hace años, gracias al fervor que sentía mi amigo Mauricio Builes por Jattin (fervor que me trasmitió en lecturas y relecturas en voz alta de ese libro maravillo que es Amanecer en el valle del Sinú). Entonces un día cualquiera, como los ya mencionados sin Juan, resultó que terminamos repitiendo Isabel, Isabel, Isabel mientras hacíamos un ritmo de ska de fondo. Y todo lo demás fluyó.

Me hubiera gustado que fuese un tango o un blues, algo más melancólico en todo caso; algo más parecido a ese poema que habla de nostalgias y amores diáfanos. Pero así fue como fue y no hubo más remedio. Como todo ese tipo de canciones que hacíamos sin Juan, no le paramos muchas bolas al asunto y la dejamos ahí para divertirnos cada tanto en los ensayos. No creí que fuéramos a grabarla. Pero llegó lo del compilatorio aquel y ni modo: era lo teníamos a la mano.

La grabamos en medio día, en los Estudios Igneus, en un ritmo tan frenético como la forma misma en que nació la canción. Todos en sesión y en el primer corte. No era la primera vez que hacíamos algo así. Vista telescópica, grabada en El Pez tiempo atrás, también había seguido esa forma de hacer las cosas. El resultado de algo así es de imperfección y sinceridad al mismo tiempo. Naturalidad versus precisión. Cada quién elige su método.

No estoy diciendo que me sienta orgulloso de la canción, tampoco que la desprecie. Solo que así fueron las cosas. No es ni buena ni mala. Sé que a Mauricio Builes no le gustaría, por no tener del todo el aire de Jattin, y tendría razón. Pero al mismo tiempo es espontánea y es, en el fondo, una forma de seducción para acercarse a la obra de este poeta de Cereté que supo incendiarse y hacer de su obra una hoguera. Por eso lo mejor del tema son los primeros quince segundos, con la voz original del autor (gracias a las grabaciones que hiciera el poeta para la HJCK). Luego viene la voz mía y el rimo que se enloquece. Si se le rebajara el tempo y se le quitara la distorsión a la guitarra podría sonar como un corrido. Tendría, además, la misma estructura: tónica, subdominante, tónica, dominante…

En fin. La canción quedó ahí y el compilatorio aquel se demoró más de un año para ser lanzado (por aquello de los enredos en la administración pública). Mientras tanto, un inocente comentario en Facebook nos llevó a hacerle video al tema.

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Gloria Estela Laverde, que profesa un amor al rock por encima de todas las cosas, lanzó un comentario en Facebook sobre un video hecho en Medellín. Gloria hace parte de un colectivo de estudiantes que aman lo audiovisual y en el que pongo toda a mi fe: Transversal 21. El comentario dio pie para una mínima discusión sobre los videos de la ciudad (una discusión sin mayor trascendencia como siempre en Facebook) y terminó con una pregunta en el aire: ¿Y si realizamos un video para Áluna?

La pregunta quedó sonando por parte y parte. Es decir, por una parte para Transversal y por la otra parte para nosotros. ¿Y por qué no?, dijimos. Y nuevamente, lo único que teníamos a la mano (el único tema grabado sin la voz de Juan) era Isabel, la chiquita insolente.

El video lo grabamos hace un año en Abejorral. Para resumir las cosas, diré que escogimos ese pueblo porque, en sus casas de bareque y calles de adoquín, tenía mucho del aire del poema, y porque allí teníamos hospedaje y comida gratis (fundamental). Conseguimos un actor “natural” con cierto parecido a Jattin y los permisos para grabar en el parque, y aún así tuvimos mil dificultades. Las luces se dañaron o eran insuficientes, no conseguimos ciertas locaciones, este o aquel actor quedaba mal y el tiempo fue corto siempre… Comprendimos (al menos nosotros, los del grupo, que no lo sabíamos) lo dispendioso y detallista que es el mundo audiovisual. Hasta entonces creíamos que era cuestión de tener una cámara y ya.

Al final el video quedó terminado y esperamos para lanzarlo con el compilatorio. Sólo que no sabíamos que eso sería diez meses más allá.

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Los detalles del asunto no los sabemos. Lo cierto es que un disco grabado en diciembre de 2010 (con diez bandas de la Comuna 5 – Castilla) vino a ser lanzado hace un mes con un concierto que nos dejó muy mal parados, o por lo menos muy tristes (no por el sonido ni la logística: errores de nosotros mismos). Sin embargo, el disco aquel, que recoge también a bandas como Souly`s y Tarmac, por fin estaba en nuestras manos, y recordamos la alegría que genera tener la música de uno en físico: en un cd prensado, con carátula y librillo. Así, de alguna forma, terminaba el cuento con Isabel, o quién sabe: con las canciones nunca se sabe. Nos quedó faltando lanzar el video (que verán dentro de muy pronto) por una razón de fondo. Pensamos en que, si ya teníamos varios temas de ese corte grabados (La rebelión, Vista telescópica) por qué no grabar aquellas otras canciones divertidas y salirnos al fin de ellas. Hacer, pues, un pequeño disco con las canciones más raras, más inusuales de Áluna. Canciones que puede cantar cualquiera, intencionalmente imperfectas. Es lo que decidimos llamar (y me parece muy preciso el nombre) Combustiones espontáneas, y es lo que viene.

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Lo diré de este modo: Combustiones espontáneas no es el primer álbum de Áluna. Tampoco es el último. Es solo una colección de canciones enérgicas, engañosamente fáciles, que surgieron sin pensarlo en diferentes momentos de la banda. Canciones b side, por llamarlas de algún modo. Canciones que tocábamos cuando queríamos descansar de las otras canciones. Canciones de cuando uno se sentía un poco punk y quería desgarrar la garganta. Y que por algún efectivo fortuito nacen ahora para los oyentes. Combustiones espontáneas es Áluna y no es Áluna. Tonadas alegres de una banda que le gusta posar de oscura: ese tipo de contradicciones hermosas que suele propiciar la música.

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Y así están las cosas. Dejamos el video de Isabel para lanzarlo junto con el de La Rebelión (grabado hace ufff, en tiempos previos al HD) y con todo ese compilado de canciones raras. Volveremos a los estudios (¡yuju!) en unos quince días para darle vida a otros de aquellos temas que nacieron sin pensarlo. Es curioso: que nacieron en medio de la dificultad que supone no tener un vocalista.

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Así es.

sábado, 10 de marzo de 2012

Recomendado: Las 20 cosas que debes saber sobre la música online

No sé cuántos músicos visiten este blog. Y mucho menos cuántos de ellos pretenden vivir de la música. Pero si acaso alguno se pasa por aquí y resulta que no ha leído el libro que da título a esta entrada, pues se lo recomiendo. Las 20 cosas que debes saber sobre la música online es fácil de leer y es preciso. Sus 109 páginas son en realidad unas 40 o 50 en un formato tradicional. Y vale la pena. Cada consejo tiene su fundamento, al margen de si lo aplicas o no con tu banda. Es una perogrullada decir que la red nos ha cambiado las costumbres. El asunto ahora, si quieres vivir de la música, es saber cómo sacarle provecho a eso, y a lo mejor este libro te ayude. A mí, por lo menos, me dejó pensando.

Así que aquí les dejo el enlace:

http://newmusicstrategies.com/ebook

Para terminar, un párrafo: “Puede que vivamos en tiempos inciertos y temerosos, pero son este tipo de tiempos donde el innovador y el atrevido se impone. Las principales potencias, en casos así, bien se adaptan, bien se van a la mierda. Lentamente pero sin remedio. Pero la verdad es que aquel que ponga música en las orejas de un público deseoso de ella, aquel que aprenda a añadir valor al nuevo entorno, y a ayudar a los creadores y a los intérpretes a comunicar su arte, aquel que ponga un pie en el nuevo territorio y lo haga suyo, esos son los que van a crecer. La era digital es muy diferente de todo lo que has conocido antes, y esta es tu oportunidad de encontrar un camino en el nuevo escenario. ¿Estás preparado?”.

jueves, 16 de febrero de 2012

B side: Marciana (Los Jhonsons)


Había un escritor que quería ser gato. Había un gato que escribía libros. Había opio en las nubes y llovía sobre una ciudad con mar pero que se parecía a Bogotá. Había un chico que no sabía si había muerto ayer o la semana pasada. Había una Avenida Blanchot. Había un tipo condenado a muerte. Había una chica llamada Amarilla de unas tetitas dulces. Había una forma genial de terminar las frases: trip trip trip. Había una novela y un escritor que murió temprano, que soñó a Marciana o que la tenía muy viva sobre su colchón. Y como había todas estas cosas y quién sabe cuántas más es que otro chico años después compuso esta canción y le quedó de lo más bien. A lo mejor todavía hay muchas Marcianas por ahí, soltando humo en el corazón de muchos. Por eso si algún día encuentras a una chica que bañe en whisky su ansiedad, que tenga palabras que sepan a labial rojo, a cerveza, a música a todo volumen, y que al final de todo te escriba con labial en el espejo “te jodiste guevón, aquí te dejo”, no importa si se llama Isabel o Luna, no importa si tiene el pelo teñido de azul o unos calzoncitos con gatos estampados en la tela, es ella, Marciana. Entonces podrás encender el computador y escuchar esta canción mientras fumas.

http://www.myspace.com/jovenpromesa

miércoles, 1 de febrero de 2012

Joe is god (parte uno)



Sólo una vez vi al Joe Arroyo. Quiero decir: sólo una vez lo vi de cerca. Tan cerca que podía tocarlo. Vestía un traje negro con camisa crema y unos zapatos impecables. Caminaba lento, pesado, como Ozzy Osbourne. No es gratuita la comparación. El Joe, como Ozzy, parecía haber envejecido temprano. Sólo tenía 53 años (aquel mayo del 2008) pero parecía casi de setenta. Calvo, cansado, de pocas cejas. Tenía una persona a cada lado para ayudar a sostenerlo. Pero era él, el Joe, en la Universidad de Antioquia.

Por esas cosas de la vida y el trabajo, aquella noche mi labor era estar cerca de él para evitar que le gente se le viniera encima. Porque la había, mucha, que gritaba su nombre y trataba de tocarlo o tomarle fotos. Él apenas si sonreía y levantaba el dedo gordo, saludando. Una mujer lloraba, lloraba mucho. Le gritó: “Joe, soy Maira, la hija de Teófilo”. Joe la miró, la reconoció, e hizo una seña como diciendo: “que venga conmigo”.

El camerino era una oficina del bloque 16, donde funciona la parte administrativa de la universidad. Joe tenía un médico al lado. Maira le decía: “Papá, antes de morir, me dejó todos tus discos. Yo te amo, eres lo más importante de mi vida”. Luego lo abrazaba y Joe, complaciente, le daba unas palmaditas en la espalda.

Yo me preguntaba: ¿cómo va a hacer este hombre para cantar durante dos horas si apenas puede mantenerse en pie?

“Tú tienes ángel”, decía Maira. Y en algún momento le dijo: “¿Sabes que tienes como un millón de amigos en Facebook? Yo te he escrito mucho ahí. ¿Tú sí alcanzas a mirar esa página?”. “La verdad, no”, dijo Joe.

Antes del concierto, el cantante debía dar una entrevista corta para el periódico del Programa de Salud de la Universidad. Comentó lo que ya se sabía: que había vivido más de veinte años en Medellín y que ahora, cuando regresaba a la ciudad, era usualmente para revisiones de su corazón.

Maira interrumpía cada tanto. Decía: “Arriba del Joe, nadie; papá Dios si acaso”. Antes de que el cantante se fuera para la tarima, ella le pidió un autógrafo en el antebrazo. Joe casi ni podía escribir. Garabateó algo que ni Maira misma pudo entender bien. Luego de revisar con detalle la letra concluyó: “Creo que dice Mi amiga Maira”.

En ese momento pensé que si llegaba a escribir algo sobre el Joe Arroyo lo titularía “El ocaso de los dioses”. Pero es que en ese momento de mi vida yo sabía mucho de Kurt Cobain y poco de Joe Arroyo.

miércoles, 25 de enero de 2012

¿Qué pasó en el 2011?



Nada.

(Excepto, eso sí, un concierto de puta madre en La Guardia).

Lo importante ahora es aprender de eso –vacío, silencio, ganas– y mirar para adelante.