viernes, 29 de agosto de 2008

B side: No sé si volverá (SuperLitio)

Superlitio se define como una pepa gigante que lo hace pasar a uno tremendamente bien. No se equivocan. Desde su primer álbum, Marciana (1997), esta banda caleña dejó en claro que nadie podía quedarse quieto ante su música. El funk, el hip hop, el rock…, mezclas de ritmos que aún así mantenían un sonido compacto y enérgico.

Aquel álbum, Marciana, sí que llegó para refrescar el rock nacional. Grabado en solo treinta horas, era un disco sucio y callejero, con una sobredosis de wua y de redoblante. Canciones como Carnavalito, Monsters o Funky Bom Bom estaban ahí para demostrar cuán agresiva podía ser una banda sin dejar de ser divertida, sin dejar de provocar el efecto de un superlitio.

Un par de años después llegaría Sonido Mostaza, un álbum mucho mejor grabado pero a mi modo de ver más inconstante. Es decir, si bien tenía canciones geniales como Súper Hassan, Negro sol, negra Luna o 132 M.P.H., otras eran simplemente descartables.

Sin embargo, Sonido Mostaza sería la producción que lanzaría internacionalmente al grupo, que lo haría cerrar Rock al Parque y otras tantas aventuras de una banda que ya no estaba para quedarse solamente en Cali.

Es así como en 2004 viajan a Estados Unidos y graban Tripping Tropicana, producido por Tweety González. Un disco más comercial pero que no pierde el estilo SuperLitio. Tripping Tropicana, con sus mezclas de cumbia y salsa y cierto sonido electrónico, los lleva por Latinoamérica y España, los hace rotar (con el video de Qué vo hacer) por Mtv.

Y es precisamente en este álbum (y en su MySpace: www.myspace.com/superlitio) que encuentro la canción de la semana: No sé si volverá. Una muestra del cambio que ha dado la banda, de su intensión por aprovechar cada vez más ritmos y buscar otros sonidos. Una canción que se defiende simplemente con un piano, una guitarra y unos bongoes. Uno de esos cortes que son perfectos para cerrar un disco. En este MySpace también está Perro come perro, que seguramente ganará el premio Shock a mejor canción en una banda sonora de película. Y también están, en su página http://www.superlitio.com/, apartes documentales de su última producción. También está, implícito en todo ello, el ejemplo de una banda que nunca se ha quedado quieta, que desde ya tiene varias páginas aseguradas en la historia del rock del país.

domingo, 24 de agosto de 2008

B side: Macho de Monte Suite, Cienfue

Cienfue no es fácil de olvidar. Uno se lleva sus riff es la cabeza, uno se va tarareando sus estribillos. Cienfue es guitarras y buenas letras. Una actitud independiente que demuestra que el buen rock no es solo gringo. Un chico de por ahí, de Panamá o de toda Latinoamérica, que compone canciones con alma. Cienfue tiene fuego en lo que hace.
Y fuego es lo que despliega Macho de Monte Suite, la canción de esta semana. Una mezcla de rock y folklor panameño. Una canción de esas que nacen en los ensayos y quedan de lo más bien. Como para empezar un concierto o para cerrarlo. Pero si de recomendar se trata, no se queden sólo en este single, escuchen todo el álbum: un sonido crudo, social, sincero. El talento de un chico en llamas.
www.myspace.com/cienfue

martes, 12 de agosto de 2008

Ese gánster que llaman dinero

Es decepcionante la idea de que el cochino dinero, el vil metal, el escaso billetico, las lucas, la money, la platica o como quiera llamársele, tenga tanto peso para la supervivencia de una banda. Y es decepcionante porque, en esencia, el dinero no existe, es una convención. Sólo que esta convención intrascendental comienza a ganar trascendencia con el paso del tiempo. Son las sucias reglas de la vida. O no: las sucias reglas del sistema.

El caso es que, con dos años y medio encima, el asunto de la plata dentro de Áluna comienza a ser un verdadero problema. Como se sabe, Juan es un cantante de bus, y cada vez más espera que Áluna le ayude a llenar el vacío de su nevera o al menos le dé una manito con su arriendo. Y eso hasta ahora no ha llegado. Y lo que es peor: no se vislumbra temprano.

Aún con la caída del dólar, los instrumentos en Colombia siguen siendo caros. Aún con los sistemas de grabación caseros, llegar a un buen estudio –porque no todo puede hacerse en casa- sigue siendo caro. Editar un video cuesta. Conseguir un excelente productor sí que más. Ni hablar de la impresión de carátulas o la maquila de cds. Todo es plata, señores.

“¿Y los conciertos no dejan mucho billullo?”, pregunta la gente. La respuesta es negativa. Le dejará millones a Juanes, claro, pero a una banda no reguetonera no le deja más que entretenidas experiencias mientras su cuenta bancaria sigue llorando ceros a la izquierda.

Vemos pues cómo nuestras ganas de hacer cosas se estrellan contra la realidad de una economía que nos juega en la contra. No tenemos ni pal taxi, ni para un simple pendón. No tenemos con qué grabar un nuevo disco o con qué pagarle a Habichuela. No tenemos, jueputa, todos ganamos mal. Así que si preguntan por qué no hemos editado más canciones ahí está la respuesta. Lo mismo para los videos u otros asuntos de promoción.

Pero frescos, seguimos ensayando. Amamos la música y eso es lo más importante.

Sólo falta ver cuánto aguanta el amor con hambre. De pronto ahí está la prueba más trascendental de todas.

La canción de la semana: Rubia como la Monroe (Pala)

Mi problema con los llamados cantautores (por lo menos los de Medellín) es que de entrada me dan pereza. Ir a un show de cualquiera de ellos es, de alguna forma, como asistir a un recitalito años 70 donde todos parecen emular a Víctor Jara o a Facundo Cabral o a Silvio Rodríguez. Han pasado más de treinta años y las canciones siguen sonando igual, no nos digamos mentiras. Se quedaron cantándole a la lucha proletaria, al amor “que se viste de verano” con mucho de Ana y Jaime y poco de Pablus Gallinazus.

Lo curioso es que casi siempre son buenos músicos, de una voz trabajada y buenas guitarras. Pero ese estilito anquilosado en la revolución del 68 ya huele a naftalina. Y vaya si da sueño.

Por fortuna hay excepciones, como Alejo García, que suena fresco y vital, o como este señor Pala, que aún con sus versos rimados logra componer canciones emotivas y actuales. Y una de ellas, Rubia como la Monroe, es la elegida de la semana.

“Hey, vamos a ver qué tal nos ha tratado el día. Vos a punto de arder y yo con mi melancolía”, dice para empezar, con cierta sensualidad en la voz, casi como un reto. Al rato, entra a un coro alegre, que contrasta con el inicio. Pero lo que más me gusta de la canción es su final, cuando cierta chica recita un fragmento del Discurso de Eva, poema de Carilda Oliver (que de paso vale la pena que lean).

En fin, Rubia como la Monroe demuestra que no todos los cantautores de Medellín son como para quedarse dormido. Y la pueden encontrar en www.myspace.com/amnesialand

miércoles, 6 de agosto de 2008

B side (canción de la semana)

Soy fácilmente enviciable. Por ello, en los dos meses que llevo con internet en casa no logro conciliar el sueño si antes no me doy una pasadita por la red. Y allí, en ese universo de información donde tantos platos son basura, encuentro también delicias de gourmet: You Tube me llevó a ver vídeos que ya creía olvidados y otras tantas obras maestras desconocidas. Blogger me ha hecho descubrir promesas literarias que desde ya me provocan envidia (recomendados: Camilo Jiménez y su Paja en el ojo, un señor Mosquera con su Lluve Love, cierto chico al que apodan Godeloz con sus Crónicas Vagabundas y un Padre Responsable y sus ejercicios de escritura automati-k). Pero quizás en lo que más me sumerjo es en MySpace. Es comprensible. Si bien lamento que el sistema sólo deje subir unas cuantas canciones y no un álbum completo, es un abrebocas para descubrir cierta música y algunos artistas que de otro modo difícilmente llegarían por estos lares. También me ha abierto el panorama sobre lo que se está produciendo en Medellín, lo bueno y lo malo. Y ha llegado a ser tan corriente en mis días que termino por hacer cierto top de las canciones escuchadas en la semana.
Así que, ya que casi nunca se me ocurren temas para actualizar este blog, he decido crear una sección. B side será como la banda sonora de mis días, de estos días. Para ustedes, una sugerencia no más, una simple muestra de lo que ando escuchando (no sé por qué hablo en plural si a este blog sólo entra Juliana, Dios te bendiga, reina).
Para comenzar, y sin más introducciones, mi invitación es a que visiten www.myspace.com/franciscavalenzuelam, una chilenita que a sus veinte años se defiende sola con su voz y su piano. La canción de la semana es a la vez nombre y adjetivo que define muy bien lo que van a escuchar: Dulce (sí, lo sé, tiene un timbre de voz parecido al de Julieta Venegas, pero como sea la canción es buena).
Ya vendrán luego otras canciones, otros artistas.

viernes, 25 de julio de 2008

La libertad del vagabundo

Ahora sé lo que sienten los futbolistas cuando juegan fuera de casa. Tener la tribuna en la contra es tan deprimente y a la vez tan estimulante que siempre traerá sorpresas. Muchas veces, como en el caso del fútbol, goleadas inesperadas al equipo de casa. U otras, como los espectadores lo esperan, derrotas monumentales.

Y quién lo creyera, a veces pasa igual en la música, como cuando un promotor de espectáculos, tratando de atraer toda clase de públicos a su evento, pone a Odio a Botero a que abra el concierto de los Gigantes del Vallenato. El resultado, como es de esperarse, suele ser desastroso, sobre todo para el primero.

De alguna forma vivimos algo parecido en el concierto del fin de semana, en La Jícara. Un cantante que se hace llamar El Buitre nos pidió que le abriéramos su concierto. Como el hombre es de Castilla, nuestro barrio de desamores, pues cómo no hacerle el favor. El Buitre se comportó muy atento en todo. Aseguró un buen sonido, el transporte de los equipos y hasta cerveza ilimitada. Lo que no imaginamos es que este peculiar personaje fuera tan popular en su barrio y que los habitantes de éste, seguidores del cantante, fuesen tan fervorosos en su afición.

Tanto así que casi no nos dejan tocar. Desde mucho antes de subirnos a la tarima demostraron que a quien querían ver allí aquella noche era a El Buitre y a nadie más. ¿Y nosotros qué?, le preguntamos a la a la estrella de la noche. “Ustedes toquen”, nos dijo.

Y tocamos. Sólo había un par de seguidores de la banda que no se pierden ni los peores conciertos, pero tocamos. Lo teníamos todo que perder desde el principio. Todo un barrio en la contra. Pero entonces aplicamos esta lógica inversa: si teníamos todo que perder es como si no tuviéramos nada que perder, y no tener nada que perder te da la libertad del vagabundo.

Entonces levantas los hombros y nada importa. Tocas. Que la música haga lo suyo. Será por eso que a pesar de todo disfruté aquel concierto.

lunes, 14 de julio de 2008

El mundo en el escenario

Creo que por fin estamos listos para tocar. Quizás no en grandes escenarios, nunca en estadios. Pero sí en los bares, en las calles, en un teatrito, en aquellas terrazas de las casas de los amigos donde siempre habrá vino barato y algún borracho bailando con su sombra. Listos para tocar, sí, lo que quiere decir que de alguna forma hemos logrado entendernos en la tarima, improvisar un poco ante las dificultades y no morirnos de pánico cada vez que un cable se dañe o el micrófono del vocalista empiece a pitar. Pero ante todo, porque hemos comenzado a sentir la alegría del escenario, la secreta magia de las canciones.
Recuerdo que los primeros conciertos fueron hace casi dos años, en la casa de Fáber, ante su familia y uno que otro aparecido. Tocábamos siempre las mismas cinco canciones: Fuera de mí, Desierto de piel, A quién le puede importar, Mundo de Fuego y Silencio. Pero no éramos una banda, éramos cuatro manes tocando cinco canciones.

Hace un año, en La Guardia, fue el primer concierto oficial. Ya habían llegado La Rebelión y Tierra y olvido. Ya habían pasado otros seudoconciertos: uno en la terraza de la casa de El Pollo, en el que Juan terminó peleando con un borracho; otro en la calle, al pie de la iglesia de San Judas, al que sólo asistieron los transeúntes que por ahí pasaban; otro más allí mismo, meses después, frente a cuarenta niños malvados, y otro en una especie de coliseo del que no me acuerdo muy bien, pero salimos aburridos. Ah, y uno más en el bar de Mañas, como a las tres de la mañana, cuando ya todos estaban dormidos.

Después de aquel concierto en La Guardia, días después nos presentamos en otro par de bares y en la Casa de la Cultura de Ávila, quizás el concierto que para nosotros fue el más triste, porque poco antes de tocar nos dimos cuenta que nos habían robado la mejor guitarra que teníamos.

Para rematar el año, tocamos otra vez donde Mañas, en una presentación cargada de ruido y ebriedad. Y otra vez, a las tres de la mañana.

Visto así, el balance parece lamentable, pero no lo es. Sólo que así han sido las cosas. Gracias a todos estos conciertos de poca monta, sin afiches publicitarios ni entrevistas radiales, hemos conocido otras bandas de garaje cargadas de sueños, algunas de ellas bastante buenas. Hemos conocido gentes de todo tipo (incluso algunas que parecieran salidas de una película de Almodóvar), enamoradas del arte. Nos hemos conocido a nosotros mismos, de cierta forma. Y ante todo, al poder de las canciones.

Hasta que llega este año, que ya va por la mitad, y en el que hemos tocado un par de veces: en Nuestro Bar y en Keops. Sobre el concierto en Nuestro Bar no sé qué pensar, pero lo que sí sé es que la presentación en Keops de alguna manera cambió las cosas: fue la primera vez que probamos sonido, que nos dimos el tiempo para revisar cada detalle. En vivo, improvisamos un buen rato –lo que se conoce como una jam sesion- y el contacto con el público fue cercano. Nos sentíamos tranquilos, dejando que la música fluyera, apoyados por Felipe en el sonido. No hablábamos mucho entre canción y canción, más bien dejábamos que las tonadas hicieran lo suyo. De veras, la estábamos pasando bien.

Entonces lo comprendimos: estamos listos para tocar.