
Y es paradójico porque contrario a lo pasa con el metal, el hip hop, el punk o hasta el reggae, el rockcito en Medellín no tiene un movimiento.
No cuenta con eventos especializados tipo Metalmedallo, no crea ejercicios de apoyo mutuo como lo hace el hip hop con la Tribu Omerta, no lanza compilatorios como lo intenta el punk con La Jornada del Caos.
Es un solitario.
Bandas como Volcánica, Ciudad Pasarela o Artefacto no tienen un festival independiente que las aglutine. Tocan por ahí, de a una, con su gente. Seguidores que no tienden a asomarse a lo que hacen las otras bandas.
Y ellas, las bandas de esta onda, tampoco hacen lo que hace el hip hop: integrarse, ayudarse las unas a las otras con los videos, crear estudios especializados y gestionar eventos para su música.
Son, más bien, como extraños grupos huérfanos. No se sabe bien quiénes son sus seguidores –al menos, no es tan evidente como con otros ritmos-, no hay eventos que las convoquen, no hay sellos ni ejercicios de integración.
Hacen el rock con más proyección internacional, usualmente sus discos son muy bien grabados, suelen tener muy buenos músicos e instrumentos, pero así, solitos, dan algo de pena.
1 comentario:
Buena publicación. Y tienen razón. Por dónde empieza uno para crear un movimiento?
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